Desde El Trapiche 
Miércoles, 28 de enero

Por Ing. Carlos Lozada

Queridos lectores de Carache Online,

Después de una larga pausa desde el 17 de diciembre, es un gusto volver a encontrarnos en este espacio. Retomo con energía y con un tema que, aunque parece sencillo, está moviendo el mundo educativo: la escritura a mano.

Sí, así como lo leen. En plena era digital, donde todo parece resolverse con un teclado o una pantalla táctil, varios países están dando marcha atrás —o mejor dicho, un paso al lado— para rescatar algo que muchos creían en vías de extinción: el acto de tomar un lápiz y escribir sobre papel.

El caso más llamativo es el de Finlandia, un país siempre visto como pionero en educación. Aunque en 2016 había reducido la enseñanza de la caligrafía cursiva, desde el 2024 dio un giro total. Su nuevo currículo obliga a los estudiantes a aprender escritura manual y mecanografía, dejando tablets, celulares y computadoras en segundo plano durante los primeros años de escuela. ¿La razón? Estudios científicos confirman que escribir a mano mejora la memoria, la concentración y las habilidades motoras finas de los niños.

Pero ¿por qué este “regreso”? Las razones son profundas y van más allá de la nostalgia:

La neurociencia lo respalda: Escribir a mano activa más zonas del cerebro que teclear. Es un ejercicio completo que involucra movimiento, vista y memoria.
Favorece el aprendizaje: Quien escribe a mano retiene mejor la información, comprende más lo que lee y genera ideas con mayor claridad.
Desarrolla destrezas básicas: La coordinación ojo-mano y el control fino de los dedos se cultivan con cada trazo.
Es un puente con nuestra cultura: Nos permite leer documentos antiguos, cartas familiares y mantener un vínculo con tradiciones que nos definen.

Como ingeniero civil formado en una época de transición —entre lo escrito a mano y lo digital—, este tema me toca de cerca. Yo usaba calculadora de bolsillo, pero también cuadernos de fórmulas y planos a lápiz. Hoy veo con interés cómo, paralelamente a este rescate de la escritura manual, se habla de que 2026 podría ser el año del “regreso” de lo analógico: relojes de agujas, cámaras fotográficas de rollo, discos de vinilo e incluso máquinas de escribir están recobrando valor.

No se trata de rechazar el progreso, sino de no perder habilidades humanas fundamentales. Ante el avance imparable de la Inteligencia Artificial, cosas como escribir a mano, razonar sin depender de un algoritmo o entender el proceso detrás de un conocimiento siguen siendo básicas para no olvidar quiénes somos y cómo pensamos.

La tecnología debe ayudarnos, no reemplazar lo que nos hace únicos. Finlandia y otros países ya están reaccionando. Quizás sea momento de reflexionar también en nuestras aulas y hogares.

Seguiremos moliendo ideas la próxima semana. Hasta la vista.

Desde El Trapiche, 
Un espacio para pensar en voz alta.

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