Por: Eleyde Aponte

La oralidad del Carachero,  es uno de sus rasgos lingüístico, más destacados . A través de la misma (transmisión oral) es posible  conocer, nuestra cultura, costumbres, y tradiciones, elementos esenciales para la preservación de la identidad cultural.

Hoy quiero referirme a los refranes y apodos que desde muy niña escuché  en mi pueblo natal y dejar a través de mi verbo escrito, la singularidad de los mismos, expresiones que manejamos en nuestro Valle de San Juan Bautista. La Tierra de La Amable Libertad: » Carache» 
el carachero además del particular acento que lo caracteriza para hablar, se destaca  también por su rica oralidad, que ha venido pasando desde nuestros ancestros  de generación en generación, siendo muy rica en refranes, apodos y cuentos de camino que aún disfrutan nuestros niños cuando nos solicitan un relato o historia relacionada con la llorona,  duendes, fantasmas, o algún personaje tenebroso de nuestra época.

Pero además de eso la oralidad del carachero es  muy rica en  dichos, refranes y apodos que son únicos y distintivos entre los que se destacan dichos y refranes: Si Luis, pal  perro, tan mansa la lapa, ventaneando, ya  dijo, cuánto puso, no se aliste que no va,  cuando el río suena piedras lleva, al buen entendedor pocas palabras, al que a buen árbol se arrima buena sombra le cobija, de tal palo tal astilla, chivo que se devuelve se esnuca, más vale llegar a tiempo que ser convidado, el que madruga coge agua clara, entre otros.

Así mismo el carachero tiene la particularidad de jugar con los apodos,  nombres ocurrentes o sobrenombres    graciosos que generalmente salen del seno familiar o del entorno  muy cercano. Los más destacados: La Muñeca, El Peluche, El Catire, Juancho, Flaco, Cocoli, La Reina,  La Negra, Toño, La Bella,  Cúcuta, Cheché, Chumaraca, Pirinolo, El Muñeco, El Churro, El Negro,  El Indiecito, El Reportero,  y uno que otro subido de tono relacionado con las diversas actividades desempeñadas en la cotidianidad.

Hoy en día tanto los refranes  como los apodos, siguen estando presentes en nuestra oralidad, pero además han traspasado nuestras fronteras actuando como un puente emocional que nos conecta con nuestro lar, aliviando la distancia y reafirmando nuestros lazos culturales.

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