Por Redacción Web

Hoy el cine venezolano no solo cumple un año más; cumple una nueva vida. A 129 años de aquellas primeras luces que Manuel Trujillo Durán proyectó en el Teatro Baralt, nuestra cinematografía ha dejado de ser un registro de la realidad para convertirse en el espejo de una identidad que se expande por el mundo.

Celebrar este 28 de enero no es solo mirar al pasado de Araya o el éxito de Azul y no tan rosa. Es reconocer un fenómeno inédito: el cine venezolano actual es una narrativa sin fronteras. Hoy, nuestras historias se filman tanto en los barrios de Caracas como en las calles de Madrid, México o Santiago, demostrando que el «cine nacional» ya no es una geografía, sino un sentimiento.

Una industria que se reinventa

A pesar de los desafíos, la gran pantalla venezolana ha demostrado una resiliencia única. Lo que antes era una industria de grandes estudios, hoy es un movimiento vibrante de cineastas que, con nuevos formatos y una estética audaz, siguen conquistando festivales y, lo más importante, el corazón de la audiencia.

En este 129° aniversario, el homenaje no es solo para las películas que ganaron premios, sino para el «cine posible»: ese que se hace con mística, el que forma a nuevas generaciones en las escuelas de artes y el que sigue haciendo que el público guarde silencio cuando se apagan las luces.

El cine venezolano no es un recuerdo, es una conversación abierta. Hoy brindamos por los próximos 129 años de imágenes que nos sigan explicando quiénes somos.

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