Desde El Trapiche 
Carlos Lozada 
Carache Online – Miércoles, 4 de febrero

Por Ing. Carlos Lozada

¡Hola, trapicheros y trapicheras! ¿Cómo andan? Espero que con la paila llena de buenas vibras y el guarapo de la alegría bien dulce. Hoy quiero moler con ustedes una idea que, aunque viene de muy lejos en el tiempo, sabe a fresco y a verdad pura, como el primer jugo de la caña.

Resulta que un señor muy sabio de la antigua Grecia, llamado Aristóteles, dijo algo que todavía nos da en el blanco: “La gratitud no es solo la mayor de las virtudes, sino la madre de todas las demás.” Suena bonito, ¿verdad? Pero no se queden solo con lo bonito, porque esto tiene jugo.

Aristóteles no hablaba de ese “gracias” rápido que decimos casi por reflejo. No, él se refería a algo más profundo: la gratitud como una forma de ser. Es como una raíz que, si la riegas, hace crecer todas las demás cosas buenas en tu vida: la amabilidad, la generosidad, la paciencia… ¡hasta la alegría!

¿Por qué? Porque cuando agradecemos de verdad, estamos reconociendo algo clave: que no llegamos solos a ningún lado. Detrás de cada logro, de cada día que amanece bien, hay personas que nos tienden la mano, lecciones que nos dejaron un moretón pero también nos hicieron más fuertes, y hasta esas casualidades del destino que nos pusieron en el camino correcto.

Agradecer, en el fondo, es un acto de humildad inteligente. Es como decir: “Oye, yo no lo sé todo, no lo puedo todo, y está bien. Acepto que recibir ayuda, un consejo o incluso un golpe de suerte, es parte de la sabiduría”. No nos hace débiles; al contrario, nos hace más humanos y más conectados con los demás.

Así que, trapicheros, los invito hoy a hacer un alto en la molienda. Piensen en una persona, en un momento, en algo aprendido (aunque haya dolido) por lo que puedan sentir gratitud de corazón. No hace falta que sea grandioso. A veces lo más pequeño —un café compartido, una palabra a tiempo— es lo que más nutre.

Y siembren ese sentimiento. Verán cómo, poco a poco, cambia la mirada con la que ven su propio camino.

Por hoy, aquí paramos la molienda. Nos encontraremos de nuevo el próximo miércoles para seguir moliendo ideas. ¡Cuídense mucho y no dejen de endulzar la vida con un “gracias” sentido!

Un abrazo fuerte desde El Trapiche. 
Carlos Lozada

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