Por Javier Lugo
En las plazas y parques de las principales ciudades, una imagen se vuelve cada vez más común en este 2026: jóvenes que, lejos de seguir modas convencionales, corren y saltan en cuatro patas portando máscaras artesanales. No se trata de un disfraz de Halloween ni de una actuación callejera; es la teriantropía, un fenómeno de autopercepción que está redefiniendo los límites de la identidad juvenil en la era digital.
La esencia del movimiento
A diferencia de otras subculturas, el Therian no elige ser un animal por diversión. Se trata de una identidad interna e intrínseca. Según los miembros de esta comunidad, su «cableado» mental o espiritual no es humano, identificándose plenamente con especies como lobos, felinos o aves.
Es vital distinguir este fenómeno de los furries: mientras que estos últimos se centran en el fanatismo por personajes antropomórficos y el arte del disfraz, el Therian vive su identidad como una condición involuntaria de su propio ser.
La Cuadrobia: El deporte de la identidad
El fenómeno ha tomado fuerza gracias a la cuadrobia, una disciplina que identifica al movimiento. Consiste en la imitación de movimientos atléticos animales —como trotes y saltos— ejecutados con una agilidad sorprendente. Lo que para un espectador casual puede parecer una «locura», para estos jóvenes es la expresión física de su naturaleza percibida.
¿Identidad o desconexión? La mirada profesional
El debate social está servido: ¿es un derecho de identidad o una desconexión de la realidad biológica? La Lic. Aldana Ferreira, psicóloga especialista en procesos de identidad, ofrece una perspectiva clave sobre este auge:
«No estamos ante un trastorno mental, sino ante una respuesta de identidad en una era donde lo biológico ya no es el único límite para los jóvenes. Es el límite final de la autopercepción, donde el individuo busca coherencia entre su sentir interno y su expresión externa».
Un debate global
El fenómeno Therian abre una interrogante profunda en la sociedad contemporánea: ¿Hasta dónde llega el derecho a la autopercepción? Mientras la comunidad sigue creciendo en redes sociales y espacios públicos, el mundo observa con asombro este nuevo paradigma donde la especie parece ser una opción más en el espectro de la identidad humana.
